Llámame yonki una vez más y te arranco el leopardo de una dentellada. Llámame yonki una vez más y las equis adquirirán valor popular. Te veo en la movida. No faltes. Y sonríemelo.
La imagen de esa cadera moviéndose aún está retumbando de un lado a otro de mi cabeza. Si sigue así muchos días, me tendré que poner esparadrapo intercraneal.