jueves, enero 01, 2009

A contrapié.

Te habías ido. Te había seguido con la mirada.
Estaba claro que a saber cuando nos volveríamos a ver.
Me despedí de mi amigo, se fue y me giré a por la moto.
Y de repente estabas ahí, en bici, con esa sonrisa inmensa, hablándome.
Y yo a contrapié. En blanco. con los tobillos a ciento ochenta grados.
Con cara de gilipollas., habiendo dicho una gran soplapollez al bies.
Y nos despedimos, sin nombres, incómodos, sin nada, mirándonos otra vez.
Está claro que a saber cuando nos volvemos a ver.
Pero mis tobillos se han roto para siempre.
Y la cara de gilipollas no se me va en una temporada.

PD: Hacía mucho que no me sentía tan pardillo.